martes, 25 de septiembre de 2007

Nueva Zelandia: De–Forestación en movimiento

Hoy los campos no se reforestan después de la cosecha, sino que se reconvierten a praderas.

Aldo Cerda

Gerente Área Forestal, Fundación Chile

Hace dos décadas, Nueva Zelandia era el destino obligado de los profesionales del sector forestal chileno. Encontrábamos ahí modelos de crecimiento, manejo de plantaciones, herramientas - el célebre tijerón de poda es un ícono de las mismas- , sistemas de optimización de aserrío, y todo adaptado a un sistema silvicultural de plantaciones de Pinus radiata, las mismas que se replicaban en el emergente sector forestal chileno.

Pero los neozelandeses no querían acometer en solitario la tarea de desarrollar mercados para competir con las coníferas norteamericanas, por eso fue tremendamente abierto a la transferencia tecnológica hacia Chile. Asimismo, visualizaba que los servicios tecnológicos a la industria superarían en muchos ámbitos a los productos de madera como industria de exportación, y ahí consideraban que Chile siempre constituiría un cliente cautivo.

Invitado como panelista a una conferencia de competitividad y logística en Rotorua, equivalente a nuestro Concepción para el sector forestal, constato que las cosas se dieron de modo diferente. Hoy los forestales chilenos no vienen a Nueva Zelandia (salvo el paso obligado por el aeropuerto de Auckland en viaje a China) y un sector forestal desfalleciente mira con envidia al otro extremo del Pacífico, donde los profesionales chilenos son altamente cotizados. Hoy los campos circundantes a Rotorua no se reforestan después de la cosecha, sino que se reconvierten a praderas para la ganadería. La última información habla de que la superficie total plantada retrocede a tasas del orden de 15 mil ha/año.

Actualmente la cosecha industrial de madera en Nueva Zelandia es similar a la chilena, 30 millones de m3, pero se espera que siga estable en las próximas décadas, mientras en Chile hacia fines del 2020 alcanzará los 45 millones de m3, por la rápida expansión del eucalyptus.

En el caso de la industria, la situación es aún más compleja. En su afán de mostrar liderazgo en temas ambientales, sobrerregularon el desarrollo industrial. ¿El resultado? No hay inversiones significativas en la última década; las instalaciones existentes son poco competitivas (aserraderos que por antigüedad y performance serían impensables en Chile); limitada capacidad de pago a la materia prima (en un país caro, la madera es más barata que en Chile); deterioro de la rentabilidad del negocio de forestar y, finalmente, reconversión a agricultura y/o ganadería. Desde la perspectiva del suelo, el agua o el cambio climático, una estrategia poco amigable ambientalmente.

¿Algo que aprender en Nueva Zelandia? La integración de la cultura maorí en la sociedad, como motivo de orgullo y reconocimiento. En un mundo comoditizado, Australia y Nueva Zelandia han construido un caso de identidad nacional reconciliado con su pasado, diferenciado y provocador. Eso bien vale el viaje, a la vez que permite reavivar la necesidad de actitudes menos arrogantes y más abiertas a aprender. No por nada su ingreso per cápita triplica al chileno.

Aldo Cerda.

Fuente: Revista del Campo

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Se realizaron los días 1, 2 y 3 de junio 2007